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RENDIR CUENTAS

Un tribunal de Nüremberg para los crímenes del chavismo. Por Julio Ariza

Una imagen de las protestas contra Maduro. |Reuters, Carlos García Rawlings- Europa Press
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De la misma manera que existe un negacionismo histórico de los crímenes del nazismo, ampliamente denunciado por todos los liberales y los demócratas que en el mundo han sido (no digamos ya por la izquierda mundial) existe un negacionismo de los crímenes y aberraciones del comunismo, ya menos denunciado y mucho más silenciado. Es curiosa esa ausencia de condena a quienes han causado cien millones de muertos desde que pusieron en marcha la dictadura del proletariado que, en todas sus versiones, ha resultado un infierno. Pero junto al negacionismo histórico existe otro, todavía peor, el negacionismo del propio presente, es decir, la ceguera voluntaria de quienes no quieren ver los crímenes actuales, aquellos que se están produciendo en este mismo instante en determinados países y bajo determinados regímenes políticos, que son, casualmente, siempre los mismos. Latinoamérica sufre en estos momentos una plaga criminal, que se podría detener y no se detiene por ese negacionismo que es también  una complicidad de la izquierda mundial con el crimen. Venezuela es quizás el peor escenario de ese crimen. El chavismo es un comunismo tropical. 

En España ese siniestro negacionismo de los crímenes del chavismo se produce en la izquierda (Pablo Iglesias, Rodríguez Zapatero, ERC, Bildu, IU, Compromís, Colau), y se produce también en los medios de comunicación ligados al establishment. El negacionismo puede ser dos tipos: negar la realidad o silenciarla. En ambos casos se rechaza aceptar los crímenes del chavismo y se incurre en una suerte de «memoricidio» de las víctimas. Hay víctimas con derecho a la memoria y víctimas sin derecho a la memoria, y las victimas del chavismo para la izquierda española deben ser silenciadas, sepultadas, olvidadas. Todavía más. El régimen tiránico de Chávez y Maduro debe ser blanqueado sobre la base de una supuesta lucha anti-imperialista que todo lo disculpa, la tortura, la persecución el latrocinio, el crimen. Exactamente igual que el estatalismo blanqueó sus crímenes con la excusa de la lucha antifascista. 

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En las paginas de este periódico el lector puede ver un documental estremecedor: “Chavismo: la peste del siglo XXI”. Es el más fidedigno documental realizado hasta la fecha sobre la tiranía venezolana, sus atroces crímenes, su latrocinio, su violación de todos los derechos humanos, su arbitrario y despótico ejercicio del poder, su conversión en narco-estado. El vídeo del documental circula en la red y sin embargo sólo una televisión lo ha difundido en España: Toro TV. Y lo va a seguir difundiendo. Los demás medios han optado por mirar hacia otro lado, por la ceguera voluntaria, por el negacionismo. 

Lo que se ve en esa película es la verdadera cara del régimen: El chavismo, como todo comunismo, odia la democracia parlamentaria y solo ha podido avanzar, como todos los regímenes totalitarios, con una grosera combinación tropical del terror, el estrambote y la mentira. Los enemigos del chavismo son los propios ciudadanos, y por eso recurre al engaño, a la represión, a la tortura y al asesinato. 

Cuando cayó el muro de la vergüenza, muchos social comunistas dijeron no haberse imaginado nunca lo que había al otro lado del Telón de Acero. Con la caída física y política del muro de Berlín la esencia criminal de estos regímenes les estalló en la cara a todos aquellos que todavía creían en la ideología comunista. Ahora ya no podrán decir lo mismo del chavismo. 

En Nüremberg se juzgó a los nazis por sus crímenes y también se condenó la ideología que les inspiró. Fue una condena jurídica pero también moral, histórica y política. 

La mayoría de los criminales venezolanos podrían aún rendir cuentas en este gran juicio y la ideología que lo sostiene (y que podría estar presente en el próximo gobierno de España) sería también juzgada. 

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Por eso, desde aquí proponemos que la OEA, los partidos libres, los medios de comunicación independientes, al mundo académico iberoamericano que aún no tenga ataduras, vayan creando las bases para la creación de ese gran tribunal iberoamericano para juzgar los crímenes del chavismo. Hay que escuchar a los testigos, a las víctimas y a los verdugos, hay que ir haciendo un gran archivo, y hay que permitir y facilitar a los historiadores la documentación necesaria para emitir un juicio histórico, jurídico y político contra el régimen que más muertes ha causado en la Historia de Venezuela. El documento que hace dos meses presentó Michelle Bachelet ante la ONU podría ser, junto con este documental, un punto de partida.

En tanto no se cree una institución iberoamericana o internacional que documente los crímenes, el mundo será cómplice del silencio y la indiferencia ante esa ideología criminógena y asesina. También el exterminio chavista debe ser sometido al juicio de los hombres.