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Rufián, ensimismado. Por Julio Ariza

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Rufián, hijo de Rufián, nieto de Rufián, de la saga de los Rufián, ha asumido ya tanto  y con tan relevante resignación su rol de botifler de la república que no existe, que en los ambientes de Barcelona se le conoce ya por Rufifler (uno se da cuenta, al hilo de lo que escribe, que eso de “rufifler” no dejar de ser un cumulativo de Rufián, botifler y lucifer, así que ofrezco a la RAE una nueva palabra, con su significado y todo: político de poca monta que se vende al contrario y hace siempre el mal).

El caso es que Rufián tiene poca nariz. No porque físicamente la tenga (poca), sino porque la ambición de poder le ha arrebatado el olfato, si alguna vez lo tuvo, y ya no es capaz de olisquear por donde se andará el futuro. 

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Hace poco escribíamos lo siguiente: Este sujeto llegó del paro al ocio sin solución de continuidad. Su último año de desempleo   le sacó 7.500 euros al FOGASA (ese servicio del estado español opresor al que detesta). Ahora se embolsa unos 90.000 euretes anuales (más que el propio Presidente del Gobierno) por rascarse la barriga en el escaño, exhibir impresoras, ponerse camisetas, montar el numerito, insultar, esputar y pasearse con el revólver sucio de su lengua por los medios del régimen. Ha inventado el parlamentarismo gañán. Un estilo chulesco, desafiante, de matón que se sabe protegido por su banda y es bastante patoso. Del paro al ocio, este sujeto se ha comprado también una casuca, para cuya hipoteca la Caja de Ingenieros (¿la misma de Pablete Iglesias?, qué curioso) le dio unas condiciones estupendas. No solo está forrándose de 90.000 en 90.000 -y tiro porque me toca- quien no tenía ni oficio ni beneficio, sino que se ha refinado tanto que pareciera aspirar a convertirse en el mismísimo Juliana, su estandarte, su guía. Llegó desharrapado y ahora se viste con ropa de diseño. Podría haber sido ese asaltador de diligencias del salvaje oeste que masca y escupe tabaco en las películas del espagueti western nacional, pero escogió hacerse diputado de la ERC, que siempre es mejor y se progresa más.

Ahora que se ha pasado al enemigo y quiere cogobernar España con Pedro Sánchez, las redes nacionalistas e independentistas de Cataluña la están pagando con él. Que si traidor, que si botifler, que si esquirol, que si sinvergüenza….en fin todo lo que él se dedicó a llamar a los demás en tiempos en que su capacidad parlamentaria se confundía con la de un impresora. 

Un Rufián de la saga de los Rufián debería saber que quien a hierro mata a hierro muere, pero este chaval andaluz pensó que podría librarse de sí mismo. Pues no. Nadie se libra de sí mismo. Quien siembra el mal, recoge el mal. Quien siembra la cizaña, recoge la cizaña. Quien vientos siembra, recoge tempestades. No va a terminar bien este muchacho envalentonado y retador que ha insultado sin tregua y ha faltado a la consideración a todos los españoles, a su bandera y a su Nación. 

Ahora se le ve ensimismado por los pasillo del Congreso, con aire funerario, como llevando su propio féretro a cuestas, y todo por aparecer en la foto de un pacto que está negociando el Jefe desde prisión y cuyo precio solo Rufián pagará, como el correo que va y viene.

Llegará un momento en que los suyos le expulsen al espacio exterior (Madrid) y en que en la Villa y Corte ya no tenga utilidad alguna. La política es cruel, y cuando uno deja de cumplir una función, se queda sin espacio. Rufián ya no tiene sitio en Cataluña. En Madrid, le quedan 48 horas como cara visible de ERC. Si fracasa el Frente Popular, Rufifler desaparece. Si triunfa, consuma su traición. Luego, solo le quedará el PSC pero Roma no paga traidores y este chico volverá a sus orígenes, con toda su mala leche. Y su impresora.

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